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Parejas - Cuando la atracción sexual se desgasta

POR: MSC. LCDA. IDHALY GUZMÁN
Psicóloga Clínica. Sexóloga. Terapeuta de Parejas y Familias.
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La sexualidad de las mujeres y los hombres.

Para todos los seres humanos, la interrelación de los aspectos biológicos, psicológicos y sociales ha determinado la construcción y vivencia de la sexualidad, a partir de un conjunto de creencias, actitudes y prácticas sexuales que pueden ser fuente de gratificaciones y bienestar o por el contrario, caldo de cultivo de insatisfacciones y enfermedades.

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En el caso de las mujeres, se destaca la influencia de los factores psicosociales en el desarrollo de una sexualidad restringida, centrada en el mantenimiento de una identidad femenina en función de su complacencia e inexperiencia sexual. Es decir, que debido a la crianza recibida desde el nacimiento, las mujeres desde la adolescencia se hallan en la necesidad de contar con un hombre que las represente, bajo la creencia de “la mujer es el sexo débil”. 

La frase “la mujer brinda sexo para recibir amor”, resalta el sentido relacional mediante el cual a través de la práctica sexual, la mujer procura ser querida y protegida.

En el caso de los varones, se destaca la influencia de los factores psicosociales en el desarrollo de una sexualidad abierta, centrada en el mantenimiento de una identidad masculina en función de su desempeño y proeza sexual. Quiere decir, que debido a la crianza recibida desde el nacimiento, los hombres a partir de la adolescencia encuentran en la necesidad de reafirmar su virilidad bajo la creencia de “si se es hombre debe demostrarse”. La frase “el hombre ofrece amor para recibir sexo”, resalta el sentido recreativo mediante el cual a través de la práctica sexual, el hombre procura poseer y ser el número uno.

En este sentido, se reconoce que el aprendizaje social ha condicionado de forma diferente la motivación y la desmotivación sexual de mujeres y hombres, tanto en su sensación y expresión como en su ejercicio. Así es posible observar que los varones poseen actitudes más positivas-libres hacia las relaciones sexuales y mantienen el interés en la gratificación física sexual personal, mientras que las mujeres poseen aún actitudes más conservadoras y hacen hincapié en la compensación emotivo-afectiva sexual.

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Así es posible observar que los varones poseen actitudes más positivas-libres hacia las relaciones sexuales y mantienen el interés en la gratificación física sexual personal 

 

Mientras que las mujeres poseen aún actitudes más conservadoras y hacen hincapié en la compensación emotivo-afectiva sexual

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Este modelo interacción, ha acentuado el desarrollo de pensamientos inapropiados que derivan en emociones aflictivas, las cuales a su vez, precipitan conductas y hábitos inefectivos, acerca de “cómo deben vivir sus relaciones sexuales y de pareja” los hombres en oposición a las mujeres.

Hoy día, la salud sexual integral de las mujeres y los hombres ha de sobreponerse aún más, de las represiones y exigencias recibidas a partir de una doble moral en el curso de la educación sexual adoptada, de forma permisiva para los varones y de manera castigadora para las hembras.

 

Vida sexual en pareja.

Las relaciones sexuales en las parejas establecidas, pueden expresar la intención de reproducción, la búsqueda del placer o la manifestación de amor. Todas ellas pueden ocurrir de forma independiente o entrelazada. Por lo tanto, cuando se presentan problemas sexuales, conviene analizarlos desde una óptica enfocada en la fisiología, las emociones, los procesos mentales y la conducta, dado que son variables que intervienen en la construcción de la sexualidad y en la respuesta sexual.

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El deseo, la motivación, la iniciativa sexual y la satisfacción sexual, constituyen componentes fundamentales en la unión de la pareja, y a lo largo de la convivencia se transforman, experimentando altibajos y conflictos o deteriorándose progresivamente hasta provocar discordias o rupturas.

 

A partir de la expectativa de afecto y sentimentalismo entre los integrantes de las parejas establecidas, muchos hombres y mujeres interpretan como falta o perdida de amor, las situaciones de conflicto sexual dentro de la relación.

Lo cierto es que la mayoría de las parejas avanzan sobre una serie sucesiva de etapas en el largo camino de la relación o la convivencia, que deben ser conocidas para una comprensión objetiva de sus problemas sexuales.

Al inicio, las parejas se dejan llevar por el elemento biológico, caracterizado por la atracción mutua que les impulsa a desearse, buscarse, saciarse y volver a repetir el ciclo de motivarse a estar juntos en el plano sexual y sentimental. Esto es, dejarse llevar por lo que dice el cuerpo, por lo que se ha llamado “la química” o más bien “la física” entre dos personas.

Posteriormente, las parejas dan cabida a elemento racional, caracterizado por la conveniencia mutua a partir de la evaluación de sus semejanzas en cuanto a sus características personales, intelectuales, ideológicas, socioeconómicas y de plan de vida, que les permita tomar la decisión sobre la compatibilidad para conformar un proyecto vida de pareja: matrimonio, concubinato, vivienda, planificación familiar, ejercicio profesional/laboral, labores domésticas, nacimiento y crianza de l@s hij@s, administración doméstica, etc.

Con el paso de los años, los deberes intrafamiliares se van haciendo cada vez más exigentes, particularmente cuando la conformación surgió sólo desde lo emocional y no desde lo racional y cuando además, el entorno de la relación constituye una fuente de estrés asociado predominantemente a: incompatibilidad de caracteres, nacimiento de hij@s no planificad@s, situaciones de enfermedad o desempleo, dificultades económicas, inestabilidad habitacional, experiencias de infidelidad o problemas de comunicación y resolución de conflictos con la pareja, la familia propia o la familia de la pareja.

 

Disminución de la atracción y la satisfacción sexual en la pareja.

Muchas parejas valoran la relación como feliz o adecuada dejándose llevar por el concepto poco sabio de añorar o requerir que el cuerpo luzca exactamente igual que cuando surgió el enamoramiento, o que la actividad sexual sea en intensidad y frecuencia, tanto o más elevada que en los primeros meses o años de relación (aunque asciendan la edad y el tiempo de convivencia).

Tal distorsión de pensamientos, frecuentemente preocupa a uno o ambos miembros de la relación, trayendo como consecuencia, desinterés o evitación de los encuentros sexuales, lo cual empeora con la monotonía y el estrés ocupacional, económico o doméstico.

Ante esta situación, la pareja debe clarificarse en relación a:

 

¿Nuestra vida sexual es insatisfactoria?

En lugar de creer que con los años de unión o edad avanzada, el placer sexual es poco importante, es valioso identificar si se trata de inhabilidades sexuales personales que se agravaron con el tiempo o, si la razón obedece a disfunciones sexuales individuales o de pareja, no resueltas por vergüenza o desconocimiento.

 

¿Nuestra comunicación es problemática?

En lugar de acostumbrarse a la incomunicación o a la discordia, con los consiguientes sentimientos de frustración, impotencia o culpa, y el riesgo de posibles estados de ansiedad y depresión discapacitantes; es imprescindible la adquisición de hábitos de relación interpersonal emocionalmente inteligentes.

 

¿Se nos agotó el amor?

En lugar de interpretar la carencia de exaltación emocional que se experimentaba en los inicios, como disminución del amor; es preciso revisar si se trata más bien de dificultades que impiden afrontar el amor maduro como una decisión responsable o si han prestado poca atención a la reciprocidad gratificante y al mantenimiento de la intimidad recreativa, erótica, intelectual, emocional, deportiva, espiritual u otra.

A veces resulta que se trata realmente de falta de amor, y en lugar de mantenerse por costumbre, comodidad o temor al cambio y a la soledad subsiguiente; es preciso considerar la disolución consensuada de la relación, como la estrategia más saludable para ambas personas, en lugar de sostener un autoengaño sentimental que frecuentemente daña aún más la comunicación y la satisfacción sexual y por ende, la salud mental y la salud sexual. 

En todos los casos es prudente saber que la sexoterapia individual y de pareja, así como la psicoterapia personal y de pareja, contribuyen con el reconocimiento, el rescate o el reacomodo de la actividad sexual, la comunicación y el amor: incorporando una gama de posibilidades que aprender y reaprender, para incrementar el placer sensual y sexual, mejorar la comunicación y desarrollar el sentido de amor consciente o, en su defecto, salir enriquecid@s separándose y llevándose consigo lo mejor vivido y aprendido en la relación.

Con ayuda profesional la pareja ha de medir las fortalezas de la relación para seguir adelante de manera positiva y compensadora para cada quien, evaluando objetivamente: ¿Qué está sucediendo? ¿Qué está haciendo cada quien inapropiadamente para ser parte del problema? o, ¿Qué quiere y puede hacer cada quien para ser parte de la solución al problema que les está afectando?

 

Sintonía afectiva y sexual en la relación de pareja:

Teniendo clara la diferencia entre la expresividad de afecto y de deseo sexual, las parejas establecidas han de comprender que el cultivo del amor maduro y del placer sexual integral, constituyen dos pilares para sostener una relación saludable a través de una comunicación eficaz.

Tal sintonía es viable, permitiéndose desarrollar los siguientes recursos:

yinyangpq1 Autocuidarse a propósito de mantener “mente sana-cuerpo sano” y así gozar de bienestar y vitalidad para la disposición física al placer. El estilo de vida sano ha de incorporar higiene, dieta, hidratación y ejercicio adecuado, así como control o recuperación de padecimientos neurológicos, vasculares, hormonales o musculares.
yinyangpq1 Educarse sexualmente a fin de manejar información veraz sobre el funcionamiento sexual humano basado en derechos sexuales y reproductivos y así contar con creencias y actitudes favorables para disfrutar la respuesta sexual. El estilo de pensamiento saludable ha de incluir claridad de las expectativas o ¿para qué sexual?, así como la superación de mitos y tabúes sexuales.
yinyangpq1 Alimentar la autoestima con intención de conocerse, aceptarse y brindarse cada día más amor a sí mism@ y de esta forma sentir autoconfianza para el acercamiento en pareja, con base a la atracción que se despliega y a la obtención de placer sensual y sexual que se logra.
yinyangpq1 Dialogar sexualmente de manera empática y efectiva a fin de escucharse y expresarse de forma atenta, respetuosa y clara, para estimularse y apoyarse mutuamente, centrándose en los aspectos y cambios positivos de cada cual.
yinyangpq1 Compartir espacios de intimidad afectiva o de noviazgo y romance, más allá de la convivencia o de la crianza de l@s hij@s, y así mantener en alto los intercambios gratificantes que nutran la atracción física e intelectual.
yinyangpq1 Resolver sabiamente los problemas por lo que son y no por lo que parecen, y así negociar con mayor facilidad en función del bienestar y la satisfacción de cada quien.
yinyangpq1 Dar y recibir caricias verbales, gestuales, corporales y físicas, y así mantener en alto la admiración mutua, la atracción sensual y la motivación para el renacimiento del erotismo y la creatividad sexual, que aviven permanentemente la chispa de la pasión.
yinyangpq1 Reconocer y superar las debilidades individuales y de pareja, concienciando como piedra angular de ello el compromiso, es decir, la inversión que cada quien puede y quiere hacer para crecer en la relación.

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El carácter sexuado de las personas, debe ser entendido como fuente de gratificaciones y forma de expresión de nuestra identidad como hombres y mujeres en igualdad de oportunidades, para ser vivenciado con salud, libertad, responsabilidad y placer.

El deseo y la disposición de renovar la satisfacción sexual, es el principal nutriente para mantener vivo el placer sexual a lo largo del tiempo. Para ello, hay que comprometerse a trabajar en equipo y evitando intentos de soluciones a través de "situaciones botella", en donde uno de los dos obtiene la base y el otro el cuello, es decir, en donde uno de los dos quede satisfecho, pero el otro no.

Los hombres y las mujeres que re-aprenden a comunicarse de forma abierta, empática y efectiva; nutren un intercambio sexual seguro, creativo y placentero, independiente del sexo, el género, la edad y la duración de la convivencia; al mismo tiempo, cultivan y mantienen el intercambio afectivo/amoroso que realza la valoración por sí mism@ y por el otr@. De esta manera, se transforman en parejas que desarrollan el “Empoderamiento Psicológico y Sexual” a favor de la Salud Integral expresada en su estilo de pensar, sentir, y actuar. 

 FUENTES CONSULTADAS:
Butler J. (2006): Deshacer el Género. Ediciones Paidós ibérica S.A. Barcelona. 
Dominian J. (1996): El Matrimonio. Guía para Fortalecer una Convivencia Duradera. Ediciones Paidós. Barcelona.¿
Guzmán I. (2000): Huellas de Actitudes Sexistas en el Asesoramiento Clínico y Sexológico a Parejas. Ponencia en: X Congreso Latinoamericano de Sociedades de Sexología y Educación Sexual. Cusco, Perú. 
Guzmán I. (2008): Sexoterapia Cognitiva y Renacer del Placer Sexual Conyugal. Ponencia en: XVI Simposium Internacional de Sexualidad: “El Placer”. Caracas.
Guzmán I. (2012): Ambos en Sintonía Afectiva y Sexual. Ponencia en: I Simposio Internacional de Psicología Sexológica: “Pareja Hoy: ¿Me Viene o Me Va?”. Táchira. 
Medina J. y otros (2007): Motivación y Desmotivación Sexual en Parejas con Unión Conyugal: Un Análisis por Sexo. Archivos Hispanoamericanos de Sexología. Vol. XIII, N°. 2.
Moles J. (2009): Desde la Psicología Clínica. Imprecolor. Maracay.